Qué hacer sin confesión: perdón en tiempos de coronavirus

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Estos tiempos son difíciles para todos. La actual pandemia de COVID-19 ha afectado prácticamente todos los aspectos de nuestras vidas. Para los católicos, es una prueba especial, sobre todo porque no podemos ir a misa y confesión. Es verdaderamente una penitencia de Cuaresma.

No es la primera vez que la Iglesia se encuentra en una situación así. Hemos pasado antes por plagas y desastres naturales donde se interrumpió la vida sacramental normal. Dios no nos abandona en estas situaciones y sigue obrando a través de su Iglesia.

Para muchos, en este momento el temor es que podamos enfermarnos o incluso morir sin la oportunidad de recibir los sacramentos. La mayoría de los sacerdotes estarían dispuestos a correr el riesgo de acudir a los moribundos, pero las autoridades civiles podrían impedirlo. Entonces, ¿qué haces si te encuentras en una situación así y quieres confesarte?

El Código de Derecho Canónico de la Iglesia dice: “La confesión y la absolución individual e integral constituyen el único medio ordinario por el cual un fiel consciente de pecado grave se reconcilia con Dios y la Iglesia. Sólo la imposibilidad física o moral excusa de confesión de este tipo; en tal caso la reconciliación puede obtenerse por otros medios” (Canon 960).

Analicemos eso. La forma ordinaria en que somos perdonados por los pecados graves o mortales es por medio de la confesión. Eso no significa que no haya formas extraordinarias en las que Dios pueda obrar fuera de los sacramentos. Tenga en cuenta que esto es para los pecados mortales, ya que los pecados veniales pueden perdonarse rutinariamente fuera del confesionario. El canon dice que la imposibilidad física y moral excusa de la confesión. Dios no exige de nosotros lo imposible. ¿Cómo se determina eso?

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El siguiente canon del código establece que debe haber peligro de muerte, tiempo insuficiente para oír confesiones y necesidad grave (ver Canon 961). En esa situación, se puede dar la absolución general a grupos de fieles. El obispo diocesano es quien determina que este sea el caso. Todo lo que se requiere de los fieles es que se dispongan adecuadamente y prometan confesar sus pecados cuando la oportunidad sea posible.

Sin embargo, ¿qué haces si no hay ningún sacerdote presente? Afortunadamente, la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede, el tribunal de la Santa Sede responsable de los asuntos relacionados con el perdón de los pecados, tiene responsabilidad en casos como este y emitió una nota el 19 de marzo:

“Donde los fieles individuales se encuentran en la dolorosa imposibilidad de recibir la absolución sacramental, se debe recordar que la contrición perfecta, proveniente del amor de Dios, amado sobre todas las cosas, expresada por una sincera petición de perdón (aquello que el penitente es en presente capaz de expresar) y acompañada del votum confessionis, es decir, del firme propósito de recurrir cuanto antes a la confesión sacramental, obtenga el perdón de los pecados, incluso los mortales (cf. CIC, n. 1452)”.

Esto quiere decir que si nos encontramos en una situación grave sin acceso a la confesión, podemos hacer un acto de contrición perfecta, con la intención de confesar nuestros pecados mortales cuando podamos, y Dios perdonará nuestros pecados.

La contrición perfecta es el dolor por nuestros pecados por amor a Dios, no solo por el temor al infierno. ¿Cómo podemos tener ese tipo de contrición? Lo más importante es que es una gracia dada por Dios, pero Dios no es tacaño con sus dones. Si deseamos sinceramente este tipo de contrición, podemos estar seguros de que Dios nos la dará. No es simplemente un sentimiento, sino un motivo. El motivo del amor a Dios no excluye motivos secundarios, como el miedo al infierno. Por tanto, haced el acto de contrición, que contiene la promesa de confesar, y sabed que nuestro Dios amoroso y misericordioso está siempre dispuesto a ofrecer las gracias necesarias para la salvación. Podemos predisponernos a recibir su gracia por medio de la oración y la penitencia. Usa este tiempo para orar y acercarte más a Dios. La Penitenciaría Apostólica recomienda tales oraciones, devociones y acciones: “Visita al Santísimo Sacramento, o la adoración eucarística, o la lectura de las Sagradas Escrituras durante al menos media hora, o el rezo del Santo Rosario, o el piadoso ejercicio del Vía Crucis, o el rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia, para implorar a Dios Todopoderoso el fin de la epidemia, alivio para los afligidos y salvación eterna para los que el Señor ha llamado a sí mismo”. Todos podemos obtener una indulgencia plenaria que nos ayude a vivir en estado de gracia.

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También podemos recibir una indulgencia plenaria en el momento de la muerte. La Penitenciaría Apostólica nos recuerda:

“La Iglesia ruega por los que se encuentran imposibilitados de recibir el Sacramento de la Unción de los Enfermos y del Viático, encomendando a todos y cada uno a la divina Misericordia en virtud de la comunión de los santos y concediendo a los fieles la Indulgencia Plenaria sobre el punto de muerte, siempre que estén debidamente dispuestos y hayan recitado algunas oraciones durante su vida (en este caso, la Iglesia suple las tres condiciones habituales exigidas). Para la consecución de esta indulgencia se recomienda el uso del crucifijo o de la cruz (cf. Enchiridion indulgentiarum, no.12).”

Como una madre, la Iglesia nos ofrece la salvación de Cristo incluso en circunstancias extremas. No tenemos que desesperarnos. Dios está con nosotros y quiere perdonar nuestros pecados. Haz diariamente el acto de contrición y encomiéndate a la infinita misericordia de Dios. El esta con tigo.

El padre James Goodwin escribe desde Dakota del Norte.