Significado del ayuno

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El ayuno de carne —o de otros alimentos— durante la Cuaresma sigue teniendo cierta fascinación para los no católicos y, de hecho, para los no creyentes. Muchas personas adoptan esta práctica simplemente como una forma de perder peso o estar más saludables. Estas motivaciones no deben descartarse, pero no alcanzan la espiritualidad bíblica del ayuno.

Como yo lo veo, el ayuno tiene tres significados. Primero, el ayuno es un acto de ascetismo. Cuando ayunamos nos vemos obligados a enfrentar nuestra propia mortalidad. Sin comida moriríamos. Dependemos de Dios y de los demás para nuestro sustento. Sin toda una gama de cosas materiales y espirituales externas a nosotros, moriríamos. Así, puede decirse que el ayuno es un signo exterior de la gracia interior de una conversión más plena a Cristo. El ayuno no es un fin en sí mismo, sino un medio hacia un sentido más lleno de fe del señorío de Dios sobre nuestras vidas. El ayuno es un medio para imbuirnos de un gran sentido de necesidad espiritual.

Segundo, el ayuno es un acto de justicia. Ayunamos para que otros puedan comer. A través de los medios de comunicación somos ahora más conscientes que nunca de los problemas de la hambruna y el hambre en el mundo. Cada Cuaresma en los Estados Unidos, Catholic Relief Services organiza la Operación Plato de Arroz, pidiendo a las personas que reduzcan la cantidad de alimentos que compran y consumen y luego donen los ahorros a CRS para aliviar el hambre en todo el mundo.

Tercero, el ayuno es un acto de fe. En el ayuno reconocemos que hasta la venida del reino de Dios siempre estaremos hambrientos en espíritu. Los escritos de Isaías, las palabras de Jesús y las grandes visiones del Libro del Apocalipsis describen la venida del Reino como la venida de un gran banquete celestial.

La venida del Reino significará el fin de todas las hambres del corazón humano. La Eucaristía cristiana, como la describió Tomás de Aquino, es “una prenda de la gloria futura”.