¿Jesús sabía que resucitaría?

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Tanto Mateo como Lucas informan que en tres ocasiones distintas Jesús les dijo a sus apóstoles que moriría y resucitaría al tercer día (ver Mt 16:21; 17:23; 20:19; Lc 9:22; 18:33; 24:6-7).

A primera vista, estas palabras parecen hacer que la aceptación de la muerte por parte de Jesús sea bastante simple: «Sí, moriré de una muerte cruel, pero en tres días volveré a estar vivo». Pero Jesús hizo esta predicción para animar a los apóstoles, como lo hizo en la transfiguración.

Incluso si a lo largo de Su pasión Nuestro Señor hubiera recordado que resucitaría, ese recuerdo no habría disminuido la agonía que soportó en la flagelación y la crucifixión. Su agonía fue única. Sufrió como ningún otro ser humano jamás ha sufrido ni podrá sufrir.

En su sermón sobre “Los sufrimientos mentales de nuestro Señor en su pasión”, el cardenal John Henry Newman ofrece una valiosa perspectiva. Parece, dice, que el sufrimiento de Nuestro Señor careció de intensidad porque sabía que era inocente y que resucitaría al tercer día. Pero, dice el cardenal, debemos recordar que en Su pasión Nuestro Señor “se sometió al sufrimiento, y eso deliberadamente y con calma”.

El Cardenal Newman creía que en Su perfecta identificación con nosotros los pecadores, Jesús retiró de Su mente toda conciencia de Su inocencia y Su triunfo final. En Su pasión, “Él pensaba solamente en la carga presente que estaba sobre Él, y que había venido a la tierra para sostener”.

Como totalmente hombre y totalmente Dios, Jesús sufrió la agonía sin pensar en el futuro. Perfectamente inocente, totalmente humano, totalmente divino, Nuestro Señor sondeó profundidades de sufrimiento a las que ningún ser humano puede siquiera acercarse.